17 oct. 2011

Uno, su lado oscuro y su reflejo



Uno se sabe, se siente, se puede ver y tocar, oler e incluso saborear. Uno es el que mejor se conoce. Por lo menos para si. Otra cosa es saberse realmente como se es.
El lado oscuro está ahí y también lo conocemos. Pasa desapercibido sino es preciso. Todo depende de como nos vaya la vida. Si va de frente, el lado oscuro desaparece a nuestros ojos, a nuestro ser, que no implica que los demás no lo vean, sientan y padezcan. Otras veces la vida nos va de lado y a nuestra vista y conocimiento lo vemos y sentimos de soslayo pero presto para entrar en acción si se necesitase. Es cuando la vida nos da la espalda cuando el lado oscuro se nos presenta en frente. Caminando por delante nuestra avanza firme oscureciendo todo aquello que se pone en su camino.
Pero es el reflejo lo más buscado y deseado. Presencia visible aunque inexistente, ese reflejo es tal y como nos ven los demás. Un reflejo que nunca llegamos a ver. Materia reservada al prójimo y vetada en su totalidad y nitidez a uno mismo. Nos reflejamos en materiales para tal efecto, pero son reflejos falsos, ya conocidos. Solo en la quietud de lo natural y con su distorsión justa, somos capaces de intuir como realmente somos.

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