5 ago. 2011

Jerónimo

Unos nudillos firmes golpeaban la puerta de casa. Hacía tiempo que le cortaron la luz y aquel viejo timbre no funcionaba. Extrañado por la visita pues desde su ruina nadie le visitaba, Jerónimo acudió a la llamada.
Allí se encontró con un hombre no mayor pero no un chaval, bien trajeado, al estilo de Valencia. Sus gafas negras impedían verle los ojos. En su mano derecha portaba un maletín y en la izquierda mostraba su cartera abierta con su acreditación. Estaba acompañado por uno de esos policías municipales que se mantenía dos pasos por detrás. Con la mirada en el suelo hacía presagiar malas noticias.
¿Jerónimo de Aizpuru? Venimos, como ya le habíamos anunciado, para llevar a cabo el desahucio de su vivienda. Recoja todas sus pertenencias y abandone esa casa, que nunca fue suya, y que ahora es nuestra. Por cierto señor, no olvidé seguir pagando las cuotas...
Y así se quedó Jerónimo, con esa expresión de incredulidad
(pinchar en la foto para ver ampliada la imagen)

5 comentarios:

  1. Este texto es una foto precisa de algo que está pasando todos los días en muchos lugares, rompiendo vidas y abocando a muchos a la exclusión.
    Saludos

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  2. ¡Qué bueno! Como la vida misma... Jajaja... la cara que se le quedó al pobre Jerónimo (por cierto, excelente foto).

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  3. Demasiado cotidiana Elysa, pero parece que estemos inmunizados ante dramas como este y mucho peores (hambrunas, guerras, extorsiones...) Parecemos "Jerónimos" cobijados dentro de nuestro minúsculo espacio vital, hasta que nos toca.
    ¿reaccionaremos de verdad en algun momento?
    Un saludo y gracias por tu visita

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  4. Si Sara, menuda cara se le quedó, y no es para menos
    Un besote

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  5. Un tema muy actual...
    A este paso, hasta le quitan la casa a los caracoles... ¡imagen muy apropiada y buena foto!.
    Un cariños abrazo, Cormorán
    Luis

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