31 mar. 2012

Encuentros en el camino


Se separaron hacía ya muchos años, cuando ella fue a la universidad.
Desde entonces, sus caminos se encontraban con una frecuencia cada vez más intermitente, aunque no por ello su sentir difería de su origen. La sangre es lo que tiene.
La vida le hizo madre a una y abuela a otra. Ahora compartían cosas antaño desconocidas por una y de estreno para la otra. Otro lazo de unión.
Son los lazos los que nos conducen a nuestros pasados más lejanos, viendo, desde fuera, como fuimos desde dentro sin tener ese recuerdo.
Ahora tenemos la necesidad de corresponder a quienes nos dieron lo mismo que nosotros damos, y entendemos que no nos correspondan como no lo hicimos nosotros antes.
Son ciclos que sentimos debemos cumplir. Una naturaleza interna nos indica el camino.
El tiempo pasa rápido y las oportunidades hay que aprovecharlas. La vida en su carrera no perdona.
Por eso realizaron ese viaje. Para volver a encontrarse allí, madre e hija frente a un mar infinito. Con poco que decirse pero mucho que sentir. Otra característica de la sangre, el entendimiento sin palabras.
Ya han vuelto a su rutina, al día a día de una madre y una abuela. Cada una por su camino con esos cruces, esta vez más frecuentes. Los nietos, es lo que tienen.

12 comentarios:

  1. Me ha gustado, en línea con el relato anterior ya comentado.
    Un abrazo, amigo

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    1. Si Luis, son esas olas en las que te ves transportado durante un tiempo. Como una señal desconocida que durante un tiempo te persigue. Yo me dejo llevar por esas olas, ya vendrán otras.
      Un abrazo

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  2. Ay.... El cordón umbilical que es elástico y resistente. Los años que van poniendo todo en su sitio natural. La vida que nos da responsabilidades para que podamos valorar los esfuerzos ajenos pasados.
    Las madres, lo hijos... El tiempo que nos devora... Pensar que el ciclo vital fue una de las primeras lecciones escolares y lo que tardamos en comprenderlo...

    Un besote!!!!!

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    1. Más vale tarde que nunca. Hay cosas que se comprenden pero que solo puden ser aprendidas con la experiencia vivida. Cuantas veces oímos hablar de como te cambia la vida con un hijo, del significado de la renuncia de tu propia vida por el. Y claro, uno piensa... si, si, como no lo voy a entender. Imposible sin vivirlo.
      Otro beso Greta

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  3. Por mucho que queramos, jamás seremos capaces de dar a nuestros mayores el cariño que ellos nos dieron ni la paciencia que tuvieron con nosotros... no hay más que mirar las residencias.
    Aunque siempre me han gustado tus textos -y tus fotos-, lo último me sacude por dentro. ¡Grande Cormo!

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    1. El amor de un padre hacia un hijo, nunca es equiparable al de un hijo hacia un padre (salvo raras excepciones) Si no menos cierto es que el egoismo actual hacia la vejez no tiene nada que ver con tiempos pasados. Las familias en general no tienen nada que ver en sus relaciones. Yo creo que por culpa del consumismo al que estamos encadenados y la necesidad de conseguir esos recursos que hacen que dejemos de lado familia, amigos y cualquier cosa que no sea dedicación a conseguir dinero. Espero estar equivocado.
      Un abrazo amigo

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  4. Paso a saludarte de nuevo, en este entrañable relato con preciosa ventana al mar.
    Un abrazote

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    1. Gracias amigo, veo con agrado que tu blog tiene gran actividad, que estás en ello.
      Un abrazo, Luis

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  5. Me gusta compartir el íntimo concepto de los vínculos de sangre. El valor de unos lazos.
    Más que una necesidad de intentar devolver lo recibido, entiendo en el cuidado y respeto por nuestros mayores, un impulso.
    De forma independiente a la genética, veo el deseo a proteger, en ellos, nuestras propias raíces.
    La foto, sin palabras, habla de esa complicidad.
    Un abrazo

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    1. Efectivamente ese impulso a devolver lo recibido, es un acto de amor opuesto a cualquier obligatoriedad. Nace de lo más profundo de nuestro ser.
      Un beso Albada

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  6. La sangre llama, es un vínculo que se estrecha aunque las distancias sean largas.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Creo que es cierto aunque no se si la causa es biológica, o más bien creada por tradición.
      Un beso, Sara

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