30 mar. 2012

Ley de vida


Cuando nos despedimos, su petición fue volver a vernos sin que pasase tanto tiempo.
Hacia 3 años que no regresábamos, 12 que se vendió la casa, y más de 70 que mi padre, ya difunto, recorría sus calles siendo niño.
Por el camino (3 horas de coche) fui redescubriendo un poco más a mi madre. Hablamos de su pasado, como casi siempre que nos vemos, pero esta vez, y sobre todo, también de su presente, sus preocupaciones y su forma de ver la vida. No cabe duda que somos de generaciones diferentes, claro está, aunque no menos cierto es que nos encontramos en más puntos que en los que me podía imaginar.
Compartimos 3 horas mágicas e íntimas, diferentes a las normales. Me empapé de sensaciones que supongo en breve echaré de menos. Es ley de vida.
Llegamos. Nos acomodamos en la pensión que otras veces compartió con mi padre. Allí nos recibió María, la casera, y un brillo de los ojos brotó de una y de otra. Su ausencia estaba muy presente, como siempre. Yo le recordaba mucho e él.
Comimos en el bar-restaurante de siempre. Más brillos, más ausencias, más recuerdos.
Por la tarde, después de una siesta, fuimos a ver a los vecinos de antaño. Los amigos que no dejan de ser pese a las distancias y los tiempos. Están igual que siempre, cariñosos, sencillos, cercanos, entrañables.
En poco nos pusieron al día:
 El “gorrión” murió de repente. Ya era mayor claro, y tenía aquello que nunca le supieron tratar. Su mujer, a los 3 meses, también murió. A nadie le sorprendió. Ella, tan sola. Claro, sus hijos se fueron hace años a la ciudad y venían de cuando en cuando a visitarles. Ahora la casa la tienen a la venta, ya veremos. Pilar, la mujer del panadero, también murió. Ya llevaba mucho tiempo malita. Hacia 2 años le detectaron un tumor, ya muy tarde, como siempre. Pero murió tranquila, más o menos, hazte a la idea, claro. El está bien, trabajando mucho, de sol a sol, con sus 2 hijos y la pequeña que le lleva las cuentas y todo eso. Se le ve triste, normal. Manuel, ¿te acuerdas, el del estanco? Ese está en capilla, algo malo de la sangre. Una cosa rara, vete tu a saber, toda la vida en aquella fábrica, respirando esa porquería. Por algo le concedieron el estanco, para callar bocas y apaciguar conciencias. Carmen, su mujer, es la que lleva ahora el negocio. Pero tampoco anda muy allá, va teniendo sus años, como todos.
Así pasó un buen rato, enterrando a unos y encamando a otros mientras sus miradas se encontraban con cariño y sus manos se tocaban y acariciaban para cerciorarse de su presencia, de que aquello no fuera otro sueño de reencuentros, que seguían todos vivos, que aún se tenían.
Con el paso de las horas, las emociones se afincaron serenas, y el disfrute se hizo pleno y sin miedo al espejismo. Compartimos lo que tenían y lo que llevamos, y sobre todo, nos compartimos. Yo como algo más ajeno por el tiempo pero más cercano por la herencia. No podían evitar ver en mi,  la ausencia de mi padre.
2 noches y 3 días recorriendo calles y recuerdos, dando abrazos, besos y achuchones. Llenando por instantes vidas ya casi consumidas.
El camino de regreso (otras 3 horas de coche), fue más silencioso, más recogido. Tratábamos de almacenar en la memoria cada instante de esos 3 días. Como si no se fuesen a vivir de nuevo. El sol calentaba la estancia del coche y solo los peajes rompían el estruendo de nuestros silencios. Yo la observaba de soslayo y veía en ella una sutil sonrisa de felicidad, de satisfacción, de añoranza. La línea discontinua de la autopista avanzaba perezosa y constante camino a casa. Ella a la suya, y yo la mía. Es ley de vida.

6 comentarios:

  1. Entrañable relato lleno de vida, a pesar de la presencia de tantas ausencias. Sentimientos a flor de piel... porque son auténticos. Me ha gustado, os estaba viendo.
    Un abrazote

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  2. Muchas gracias Luis por tu comentario. Es tan auténtico como real. Un viaje que hacemos mi madre y yo cada más o menos 3 años. Espero relatar, por lo menos, alguno más.
    Un abrazo

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  3. Joder Cormorán, casi se me saltan las lágrimas. Ya sabes que la nostalgia, como todas las "algias", es una enfermedad. Aunque ésta no tiene cura.

    Maravilloso relato. Maravillosos recuerdos.

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    1. Tengo intención de empezar uno con tu foto del beso. No termino de arrancar, soy bastante inconstante :) Cuando llegue el momento ya contactaré contigo para pedirte los permisos oportunos ;)
      Un abrazo amigo

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  4. ¡Ah!... y maravillosa foto. Deliciosa.
    Y es que las madres...

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    1. Quería una foto tipo "Los santos inocentes" pero no había forma de ponerlos serios. Eran tan felices que no podían dejar de sonreir :) y yo de disfrutar con ello.

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