Visto así podría tener problemas en la aduana de los países llamados civilizados. Si le quitamos el pañuelo que lleva en su cabeza, el problema desaparece casi por completo. Algo realmente inexplicable pero no menos cierto. Sin el, el pañuelo, le podrían pedir la documentación en esta España nuestra aun herida, y una vez comprobado su segundo apellido... en fin, que todo son problemas, de imagen, eso si.
Mañana 6 de agosto cumplirá años y como no llegaré a felicitarle lo hago hoy desde aquí. A el y a uno de mis sobrinos, cuya hora de nacimiento es dudosa y que solo mi amado padre parecía saber con certeza.
Felicidades hermano y sobrino, y que las apariencias no nos lleven a engaño. Seamos capaces de ver más allá de vestimentas, aspectos, títulos, nombres y cualquier otra etiqueta, que por más que quieran, nunca llagarán a clasificarnos, pues únicos e irrepetibles somos cada uno de nosotros.
Fotografías y relatos. Buceando en el interior a través de la fotografía. Buceando en la fotografía para emerger con nuestro interior.
5 ago 2011
Jerónimo
Unos nudillos firmes golpeaban la puerta de casa. Hacía tiempo que le cortaron la luz y aquel viejo timbre no funcionaba. Extrañado por la visita pues desde su ruina nadie le visitaba, Jerónimo acudió a la llamada.
Allí se encontró con un hombre no mayor pero no un chaval, bien trajeado, al estilo de Valencia. Sus gafas negras impedían verle los ojos. En su mano derecha portaba un maletín y en la izquierda mostraba su cartera abierta con su acreditación. Estaba acompañado por uno de esos policías municipales que se mantenía dos pasos por detrás. Con la mirada en el suelo hacía presagiar malas noticias.
¿Jerónimo de Aizpuru? Venimos, como ya le habíamos anunciado, para llevar a cabo el desahucio de su vivienda. Recoja todas sus pertenencias y abandone esa casa, que nunca fue suya, y que ahora es nuestra. Por cierto señor, no olvidé seguir pagando las cuotas...
Y así se quedó Jerónimo, con esa expresión de incredulidad
(pinchar en la foto para ver ampliada la imagen)
Allí se encontró con un hombre no mayor pero no un chaval, bien trajeado, al estilo de Valencia. Sus gafas negras impedían verle los ojos. En su mano derecha portaba un maletín y en la izquierda mostraba su cartera abierta con su acreditación. Estaba acompañado por uno de esos policías municipales que se mantenía dos pasos por detrás. Con la mirada en el suelo hacía presagiar malas noticias.
¿Jerónimo de Aizpuru? Venimos, como ya le habíamos anunciado, para llevar a cabo el desahucio de su vivienda. Recoja todas sus pertenencias y abandone esa casa, que nunca fue suya, y que ahora es nuestra. Por cierto señor, no olvidé seguir pagando las cuotas...
Y así se quedó Jerónimo, con esa expresión de incredulidad
(pinchar en la foto para ver ampliada la imagen)
28 jul 2011
Gozar con el sufrimiento
Llegó el momento de la verdad. Lo había deseado, meditado, pedido, y, por fin, conseguido.
Subí a aquella atracción fascinante que prometía aventura y riesgo. Y un gran miedo, de eso estaba segura. Solo pensarlo me emocionaba, esa sensación de pavor, de casi morir en ello. ¡Qué gusto más extraño! Gozar con el sufrimiento…¡Qué raro!
Arrancamos y ese cosquilleo de arrepentimiento brotaba como irrefrenable, me invadía y colapsaba. Sonreía forzadamente por no empezar a gritar. No había causa para ello más que la del conocimiento de lo que se avecinaba. Del resto recuerdo un gran arrepentimiento sabiendo de la imposibilidad de la marcha atrás, un gritar incesante, un frenético palpitar. Deseé la muerte inmediata, no podía ser peor, seguro. Menos mal que ahí estaba ella, mi madre, como siempre está. ¡Grita! Me decía, grita que no pasa nada.
Al parar tomé aire, sonreí, apenas podía andar, temblaba como un flan. A diez metros miré hacia arriba, allí donde había estado. ¿Podemos volver a subir, Mamá?
¿Hay alguien?
Busco ayuda desesperadamente y me encuentro solo sumergido en este abismo del que no se salir. Aun no se como llegué a esta situación, que camino tomé equivocado, que decisión fatal me impulsó a seguirlo. Asciendo o desciendo, no lo se. Trato de detenerme pero no lo logro.
Vivo entre dos luces, a ambas temo, no se a cual dirigirme ni si debo, ni si puedo. Extiendo mi mano buscando esa ayuda que me libere de este lugar extraño y desconocido, viscoso y pesado que me aprisiona y me deja caer a un tiempo. Frío y cálido a cada momento, caótico, profundamente tétrico. Y sigo solo, cada vez más, ya ni recuerdo.
Y me hundo y pierdo la serenidad, porque tal vez este hundir sea la meta o tal vez mi perdición, mi fin.
Y trato de gritar, de ver o intuir siquiera una señal. Una señal que me guíe al origen del que partí, que tanto repudié y ahora añoro.
Si, me conformaría con volver, con sentir de nuevo ese perder el tiempo, ese malgastar la vida, ese aguantar lo inaguantable que tanto echo de menos.
¡Eh, por favor! ¿Hay alguien?
19 jul 2011
Libreta
Esa libreta que guarda pulsos de vida, unas veces como protagonista y otras como observador de uno mismo. De la soledad, de lo tedioso que es seguir y del hastío de lo que nos rodea. Nada nos satisface, nada nos lleva a ninguna parte. Solo nuestro pensamiento, unas veces interno y otras externo, nos ata a este mundo que muchas veces pensamos imaginario.
Abre de nuevo esa libreta, sin mirar lo que hay en ella, y vierte en ella otro presente pasado.
5 jul 2011
Náufrago
Superviviente de un naufragio, salió adelante impulsado por su instinto animal como recolector y depredador básico, algo casi olvidado por su genética. Fue de nuevo su instinto quien le empujó a descubrir los mundos ocultos tras la montaña.
Una infinita extensión de cemento, hierro y plástico surgía como desierto estéril frente a sus ojos. Huella de alguna alimaña del pasado ya extinguida.
18 jun 2011
Grietas II
Cuanto más calor e intensidad ponía para tapar aquella grieta, más se cegaba, permaneciendo finalmente, solo el recuerdo de lo que un día fue.
15 jun 2011
Grietas
A cada grieta, a cada lado de la rotura, una fusión incandescente crea la unión perfecta.
Tan fuerte, tan sólida, tan inquebrantable.
Tibia y suave al fin.
Tan fuerte, tan sólida, tan inquebrantable.
Tibia y suave al fin.
El último baño
Cuando era niño jugaba a piratas en la playa con el resto de la pandilla. Más tarde se sentaba en su tibia arena contemplando atardeceres con la persona amada. Hoy se hundirá para siempre, bajará por última vez esos peldaños tratando de recuperar su niñez, su amor, las ilusiones y proyectos que la vida le fue negando.
Plenilunio
Cada plenilunio se transformaba. Entonces había que esconderse pues de forma incontrolable buscaba la muerte y la sangre de sus víctimas.
En la última luna llena no le dio tiempo e escabullirse y cayó, como otros tantos, presa de un instinto fuera de lo natural. El hombre es el único animal capaz de destruir su entorno y lo que en el habita.
En la última luna llena no le dio tiempo e escabullirse y cayó, como otros tantos, presa de un instinto fuera de lo natural. El hombre es el único animal capaz de destruir su entorno y lo que en el habita.
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